¿Por qué hacer un blog de viajes?

Grafitti en Málaga.

Esta entrada tiene como objetivo que me conozcas un poco más. Que sepas cuáles son mis motivaciones, cuál es mi forma de ver las cosas y qué es lo que me hace hacer ‘tic’. Y sobre todo, por qué he creado este blog de viajes y por qué tú también deberías escribir sobre lo que te guste.

Podría empezar por el principio pero creo que tengo que remontarme todavía más atrás (no es un chascarrillo mío, es una de mis citas favoritas de Toby, de The Office, serie que si no has visto ya, deberías). Todo comienza en el año 2004, cuando acabo de rebote haciendo la carrera de Turismo. Y digo de rebote porque empecé a hacer Informática, y duré unas muy meritorias dos semanas. Me hubiera gustado ser capaz de seguir. Pero no lo fui. El caso es que pronto me di cuenta de que, igual que en INEF no se juega al fútbol, en Turismo no se viaja. Así que aún tardé en abrirme al mundo.

No me da vergüenza reconocer que cuando empecé la carrera era un mocoso imberbe extra tímido y bastante atontado. Tampoco que hasta los 19 años no cogí un avión y hasta los 20 no viajé al extranjero (si no tenemos en cuenta ir a la frontera portuguesa). Y francamente, los aviones, fueran de papel o no, me daban auténtico pavor. Todavía es hoy el día en el que debo de ritualizar el despegue para no pasarlo tan mal. Y eso que he estado en centenares de vuelos comerciales. Es sólo un ejemplo para decirte que los miedos se pueden vencer, o como mínimo, controlar. Igual que yo vencí mi timidez, y ahora soy guía turístico oficial de Galicia, o igual que paso por ese trance necesario para ver mundo, que es subirse a esos amasijos de hierros que pesan toneladas y por cosa de brujería se despegan del suelo.

Mi pasión por viajar comienza ahí, con un viaje a Londres a ver las turistadas. He cambiado muchísimo desde entonces. Quiero pensar que han sido los viajes los que me han ido moldeando. Viajar está recetado para la ignorancia, para la tolerancia, para el malestar corporal y para la pesadez mental. Viajar significa apagar el móvil cerebral, salir de tu zona de confort y cambiar tu rutina totalmente. Cuidado. No es para todo el mundo. Y para todo hay límites. Yo no juzgo a la gente a la que no le gusta viajar. A mi padre no le apasionaba, por ejemplo. Lo hacía de vez en cuando, pero sin más. Y yo no creo que fuera capaz de vivir viajando, como todos esos blogueros que puedes leer en internet. Les admiro, pero creo que no tengo el gen mochilero. Sí, ya sé lo que estás pensando. Soy un marquesito. Pero es así. Cada uno tiene su forma de ver las cosas, y el respeto es la base.

Ahora puedo decir que, si bien mi trabajo me gusta y disfruto con él a menudo, afirmo con rotundidad que trabajo para vivir, y no vivo para trabajar. Trabajo para conseguir las cosas que de verdad me gusta hacer: cenar fuera en un buen restaurante, ir de conciertos, comprarme algunas tonterías (pero no muchas) y, sobre todo, viajar. Eso no significa que para el mí el trabajo no sea importante. Lo es, me lo tomo muy en serio y me considero una persona profesional. Pero siempre estará un escalón por debajo de todas esas cosas. Un inciso hablando de esto. Si te gusta lo que hago, puedes leer más cosas que escribo en Coruña hoy. Y si alguna vez estás por Galicia, y te apetece hacer una visita guiada diferente, no dudes en hablar conmigo.

Manu Sánchez.
La prensa tampoco se creía mi devoción por el trabajo. Mi cara en esta foto tampoco ayuda.

Hay varias personas a las que tengo que agradecer el tener el blog online y funcionando hoy en día. Aquí, lo digo. GRACIAS. Una de ellas es mi ex-jefa y actual amiga Ana Bermúdez, que fue la primera que me aproximó al mundo de los blogs de viaje. De hecho, si ella no lo hubiera sugerido, estoy seguro al 100% de que yo jamás me hubiera puesto a investigar sobre este mundillo. Así que desde aquí me quito el sombrero y alzo mi copa para brindar por ella. Otra persona que me ha ayudado mucho, aunque él no lo sepa, es Antonio G. de Inteligencia Viajera. Gracias a su post de cómo crear un blog de viajes paso a paso, hasta alguien como yo puede tener su bitácora lista para la acción en cuestión de minutos. Antonio es toda una institución, pero si por casualidad no lo conoces, te recomiendo que leas su blog.

Así que, transformando un poco la pregunta que encabeza este post, ¿por qué hacer un blog de viajes? y convirtiéndola en ¿por qué escribir en internet? te diría que lo hagas, primero, porque te gusta hacerlo. Que escribas de las cosas que te apasionan y también de las que interesan, de las que te provocan inquietud y las que te sorprenden. Escribe para ti, pero también para todas esas personas a las que puedes ayudar con lo que escribas. Para ser una pieza más en el engranaje del internet colaborativo, ese fenómeno que está cambiando la forma en que vivimos y nos relacionamos. En mi caso, intento despertar tu curiosidad viajera. Pero yo, como lector, encuentro ayuda en la red para casi todo lo que puedas imaginar: vender cosas en plataformas de segunda mano, vencer el miedo a volar, decidir en qué restaurante comer, encontrar cosas lo más baratas posible o incluso crear un blog de viajes.

¿A qué esperas para ponerte con el tuyo?

Si te ha gustado el post, no te olvides…

 

6 Comentarios

  1. Hola Manu

    Pues menudo regalo de oídos me acabas de hacer. De verdad que me alegro que el blog en general y el post en particular te hayan sido de utilidad 🙂

    Mil gracias por la mención!!!

    Un abrazo

    1. ¡Hola Antonio!

      ¡Pues no te imaginas cuanto! La verdad es que escribes de forma muy amena y tocas temas de muchísimo interés, y además te tomas la molestia de hacerlo digerible para todos los públicos. Fue mi novia la que descubrió tu blog, y una vez que lo vi, ya no pude parar de leer.

      ¡Un saludo y gracias por pasarte!

  2. Me gusta muchísimo tu blog. Como despiertas la curiosidad y la pasión por las buenas cosas. Mucha suerte y que sigas compartiendolo con nosotros

Y tú, ¿qué piensas?