Canción de hielo y fuego El Etna y la granita

Duomo de Catania.

Cuando uno es de diente dulce y viaja a Sicilia, los niveles de glucosa se incrementan sólo viendo todo lo que uno se puede comer. Quizá los dulces sicilianos más conocidos sean los cannoli, que han sido estrellas de la pequeña y gran pantalla al salir en películas como El Padrino o series como Los Soprano. Tony se los llevaba a su madre para hacerle la pelota. Durante mi visita a esta isla pude descubrir, para mi alegría, que existe toda una gran variedad de guarrerías azucaradas como la cassata, la fruta martorana o la rama di Napoli, un dulce típico de Catania que se consume en difuntos. Pero si hay uno que me conquistó, ese es la granita. ¿Cómo? ¿Que no sabes lo que es? Pues…

Todo comenzó cuando desde Catania planificamos una excursión al Monte Etna. No hacerlo estando allí es casi un sacrilegio. Si hablas con cualquier lugareño enseguida te preguntará si has ido a ver el volcán. Así que ya sabes. Aparte de para no ofender el orgullo local, la subida al Monte Etna es una actividad que merece muchísimo la pena. Nosotros contratamos nuestra excursión con Siculi, una empresa local que se dedica a descubrir lugares en la naturaleza no sólo a turistas, si no a los propios sicilianos. Puedes encontrar más información sobre ellos al final del post.

Nuestra salida a la naturaleza la hicimos con Paolo, un auténtico experto en vegetación y mineralogía. Con él, la visita supera el listón de interesante y se hace muy didáctica. Yo, que soy 100% urbanita, y casi no diferencio una planta de un lagarto, aprendí y lo disfruté muchísimo. Durante el tour se van viendo los varios cráteres que tiene el Etna y los recorridos de las diferentes coladas lávicas (nunca las coladas han sido tan aterradoras). A los colores que vas viendo no hay foto que les haga justicia. Si tienes suerte, y la niebla no es demasiado espesa, tendrás un paisaje impresionante delante de ti. La ruta también incluyó una pequeña clase sobre los minerales y sus propiedades e incluso un acercamiento a la espeleología.

Etna.
Después de un rato, la niebla se disipó y aparecieron los colores del Etna.

Un par de consejos: llévate siempre una prenda de abrigo y un calzado adecuado para una actividad de senderismo. Si no, puedes acabar resbalando por las laderas y muerto de frío. Las temperaturas cambian drásticamente y cuando se acerca el mediodía el sol no da tregua, así que lo ideal es comenzar bien temprano para acabar un poco antes de comer. Asegúrate también de llevar agua y algún tentempié contigo.

Al final del tour te das cuenta de que el volcán condiciona y ha condicionado la vida y circunstancias de su alrededor. Parece obvio decirlo, pero uno no es plenamente consciente hasta que lo ve de primera mano, o de primer ojo. El Etna lo es todo para Catania. Forma parte de las calles, de los edificios, de los monumentos. Todo ha nacido de esa piedra negruzca y casi mate, que se pone brillante y bonita cuando llueve. En la Vía Etnea, calle más ilustre de Catania, el volcán está presente al fondo, siempre, aunque haya niebla y no se vea. Los cataneses saben perfectamente que el Etna sigue ahí detrás, dormitando, aunque de vez en cuando bosteza y otorga instantáneas dignas de Mordor, con la lava deslizándose suavemente por las laderas.

U liotru.
U liotru simboliza la derrota de los cartagineses que intentaron conquistar la isla a lomos de elefantes. Otros dicen que está ahí porque los elefantes que se ‘importaron’ a Catania eran pequeñitos y no crecían lo que debían por estar fuera de su hábitat.

La última erupción fue en mayo de 2016, sin mayores consecuencias. En el año 2012, una nube de ceniza provocó algunos problemas en el aeropuerto. Aunque no siempre el Etna es tan benévolo. En casi todas las erupciones los pobres funiculares que suben al monte acaban para el arrastre. Entre 1991 y 1993 hubo una gran erupción que obligó a dinamitar el punto de origen de la lava para que el flujo no se tragase la cercana población de Zafferana. Pero la erupción con más consecuencias data de 1669. Entre marzo y julio de ese año el volcán expulsó 830.000.000 m³ de lava, destruyendo 7 localidades cercanas, el puerto de Catania y la parte occidental de la ciudad. Los sicilianos se defienden como pueden, y aunque cada vez se perfeccionan más las técnicas de detección temprana, lo cierto es que contra la naturaleza es muy difícil luchar.

Colada lávica.
Todo se vuelve más relativo cuando la lava se detiene a dos metros de tu casa.

Nuestra excursión finalizó visitando un granja de apicultura y una tienda donde se vendía la miel que allí se fabricaba y una gran variedad de gastronomía local. Mi primer instinto fue no picar en la trampa del turista, y aunque todo estaba montado por y para el visitante, lo cierto es que los productos eran de gran calidad. Aceites, mermeladas de todos los sabores posibles, tomates secos, aceitunas tan sabrosas que querrías llorar…

Me consoló que Paolo me contase que esta tienda apoyaba notablemente la producción local. Desde luego no era una súper explotación sacacuartos, y la ventaja es que la mayoría de los productos estaban ‘fabricados’ pensando en las restricciones de los equipajes de mano, que eso también se agradece.

Después de esta fatigosa aventura, estaba claro que nos merecíamos un premio, como en el anuncio de Nescafé. Y no hay mejor recompensa después de una jornada de caminata por el Etna que una copa de granita. La granita es un plato típico italiano parecido a un sorbete. Por norma general viene acompañado de una brioche que se conoce como brioscia cu’ tuppu en siciliano, por ese pequeño sombrero o bollito que tiene en la parte superior. La granita se puede tomar como postre, aunque los sicilianos lo consumen como desayuno, plato principal, merienda y lo que se tercie.

Su historia se remonta a la Edad Media, cuando los nevaroli, que significa, literalmente, recolectores de nieve, cosechaban la misma en las grutas del monte Etna y otras montañas. Cuando el calor empezaba a apretar, se la vendían a nobles con ansias de refrescarse. A estos montículos de hielo empezó a añadírseles zumo de limón para conseguir un producto que quitase la sed.

La técnica fue evolucionando, y al hielo se le fue añadiendo el zumo de diferentes frutas o flores comestibles. Hoy en día existen una gran cantidad de sabores, como por ejemplo menta, mandarina, granada, sandía o pistacho. Pero hay una serie de sabores clásicos que son los típicos de cada parte de la isla. En Palermo triunfa la granita de limón. En Messina, la de fresa y café. Y en la zona de Catania, la de almendra, es decir, la granita di mandorla.

Briosche y granita.
No, no son ovnis. Son briosche.

Un pueblo muy famoso por su granita es Acireale, que no está demasiado lejos del Etna. Cualquiera de las cafeterías que hay en Acireale es garantía de calidad. El más famoso es el Caffè Cipriani, pero cuando llegamos estaba cerrado, así que nos decantamos por el Al San Domenico, que no nos defraudó.  Puedes aprovechar también para darte un paseo por el pueblo. Échale un ojo al Duomo, la Basílica de San Sebastiano y a la Collezione di Pupi Siciliani. Éste último es un museo dedicado al teatro de marionetas, tradición del siglo XIX que goza de gran popularidad en toda la isla.

Si tienes tiempo, merece la pena bajar por la costa hacia Aci Trezza y Aci Castello. Son otros dos pueblecitos con mucho encanto y también deben su configuración y belleza al volcán. Pero antes, es imprescindible tomarse una buena granita.

Farallones de los cíclopes.
Los famosos farallones de los cíclopes de Acitrezza.

¿Y tú?  ¿Has estado en Sicilia? ¿Tienes un dulce siciliano favorito?

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Sobre Siculi: Empresa de turismo activo. Ellos mismos se describen con siete palabras: medio ambiente, naturaleza, actividad física, salud, ciudadanía, exterior y turismo. Si esta carta de presentación no ha sido suficiente, basta decir que en Siculi colabora mi amigo Carmelo, un gran guía de naturaleza y mejor ser humano. Habla un perfecto castellano, así que estará encantado de ayudaros.

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