La prisión de la STASI Berlín dividido

Prisión de la STASI.

Imagínate ser abducido por una persona disfrazada de repartidor, lanzado dentro de un camión rotulado con el mensaje ‘Pescado fresco’ y realizar un viaje en círculos por el Berlín dividido durante tres horas para que pierdas tu referencia espacial. Más tarde te espera una celda congelada y húmeda sin luz natural, con un camastro de madera y un cubo para tus cosas. Dibuja en tu mente ser obligado a permanecer de pie durante horas, sin poder sentarte ni apoyarte contra ninguna pared. Tener que dormir boca arriba, con la cabeza mirando al frente y las manos estiradas con las palmas hacia arriba por fuera de la manta. No poder hablar con nadie, salvo con tu compañero de celda, que podía venderte a la mínima. Ser privado de tu sueño, y tener que aguantar interrogatorios larguísimos, a menudo con amenazas y violencia física. Imagina una estancia en la prisión de la STASI.

Furgoneta de la STASI.
La versión patria de la furgoneta podría llevar rotulado, por ejemplo, “Frutas Paco”

Esta experiencia estaba esperándote en el Berlín este de los años 50 si habías sido nazi o eras sospechoso de serlo. También si eras un representante de los partidos democráticos, o incluso si aún siendo comunista no estabas en sintonía con la “línea política” del régimen. En cualquier momento y casi por cualquier motivo (bastaba con un chivatazo de tu vecina cotilla) podías acabar en Hohenschönhausen, más conocida como una de las cárceles que la STASI, el Ministerio para la Seguridad del Estado, tenía desperdigadas por el este de Alemania. Y no era fácil salir de allí.

Podían pasar años hasta que se produjese un juicio, el cual, por supuesto, estaría amañado. En este intervalo, los presos experimentaban tal locura y desesperación, que muchos terminaban confesándose culpables de cosas que no habían hecho, para mantener a sus familias a salvo. La zona dónde estaba ubicada la prisión central de la STASI era territorio vetado para los ciudadanos. Existía un cordón de protección para que nadie pudiese husmear, e incluso en los mapas oficiales de la época el lugar aparece en blanco, como una especie de zona cero. Las celdas eran conocidas como “das U-boot (El submarino), apodo que aludía de forma sarcástica al ambiente húmedo y a su situación bajo tierra, siendo casi una especie de búnker.

Das U-boot.
“El submarino”: Sucio, húmedo, y sin luz natural. ¿Es de día o de noche?

Si una cosa tienen los alemanes, es que no se avergüenzan de su pasado. Su historia está ahí, al alcance de las nuevas generaciones. Éste y otros muchos testigos del horror pre y post segunda guerra mundial están abiertos al público y organizados de una forma magistral. Todo está perfectamente documentado y narrado, con todo tipo de detalles. En la prisión de la STASI hay una pequeña exposición en uno de los edificios sobre la vida en la cárcel, pero al interior sólo se entra con visita guiada.

Ésta no es una visita guiada cualquiera, ya que los tours en alemán los realizan antiguos presos de la cárcel. No supe muy bien cómo sentirme al conocer este dato, pero me alegro de que lo hagan. Seguramente les ayuda a enterrar sus demonios. Si no dominas el idioma germano, como es mi caso, las visitas en inglés, aunque no las hagan ex-convictos, merecen muchísimo la pena.

Jaulas tigre.
Durante los 30 minutos de ejercicio de diario, los prisioneros no podían estar de pie. Hablar, silbar o cantar también estaba prohibido.

Durante la visita, además de poder ver el “U-boot”, visitarás las llamadas “jaulas de los tigres”, denominadas así por su similitud con las de los circos. Éstas se encontraban en el exterior, y podían servir como castigo o como recompensa, dependiendo de las condiciones climatológicas. Verás también el concienzudo sistema de seguridad que permitía que los guardas no tuvieran que ir armados, un sistema semafórico para que ningún preso se cruzase con otro preso y salas de interrogatorio, donde los oficiales de la STASI hacían que el preso sudase y dejase su aroma en unos trapos colocados estratégicamente, que luego se almacenaban, por si acaso…y muchas más cosas que te harán sentir sorprendido e impotente.

Semáforos en Hohenschönhausen.
Semáforo y rotonda en Hohenschönhausen.

Tanto si tienes pensado viajar a Berlín como si no, una buena manera de adentrarse en la prisión de la STASI es echarle un vistazo a la serie Deutschland 83, que utilizó Hohenschönhausen como uno de sus escenarios. Otra manera de ampliar información es leerse el libro Stasiland, de Anna Funder. Si eres tan afortunado de poder visitar la capital alemana, puedes encontrar el Gedenkstätte Berlin-Hohenschönhausen en Genlerstraße 66. Puedes llegar allí con el tranvía M5, que se coge, por ejemplo, en Alexanderplatz, hasta la parada Freienwalder Straße. 

+fotos

Si quieres leer más sobre el Berlín dividido, échale un ojo a mi post sobre el Tränenpalast. Y si te ha gustado el post, no te olvides…

10 Comentarios

  1. Pone los pelos de punta… y muy interesante que esté abierto al público y se puedan hacer visitas guiadas con los antiguos presos. Una buena forma de intentar aprender algo de la historia, a ver si aprendemos en A Coruña y hacemos de una vez algo con la antigua cárcel.

    1. Gracias Anónima por tu comentario.

      La verdad es que normalmente estos espacios están desaprovechados, lo cual es una pena porque se van deteriorando no sólo físicamente, si no que muchas historias se pierden.

      Espero que los chicos de Proxecto Cárcere (http://proxectocarcere.blogaliza.org/) tengan éxito en su empresa.

  2. Muy buena información y mejor aún la descripción de las situaciones que hacen “imaginar” el horror que sufrió tanta gente…
    Si vuelvo a Berlín, que me gustaría, me atreveré a entrar ahí. No lo conozco.
    El avión de papel es una buena guía.

    1. Gracias por tus comentarios, Gar.

      La verdad es que merece muchísimo la pena la visita, aunque está un poco a desmano de lo más turístico de Berlín.

  3. ¡Maravillosa ciudad, Berlín! Muy interesante el artículo… ¡Y me encanta cómo has escrito la primera parte!
    Por otra parte, esto me ha hecho volver a pensar que en España tenemos mucho que aprender de otros lugares en lo que respecta a memoria histórica…
    ¡Saludos!

    1. Buenas noches Patri.

      Pues tienes toda la razón, la verdad es que uno siente envidia sana de los alemanes en cosas como estas. La cantidad de información que está dispuesta en cada uno de los memoriales es apabullante. Lo que no deja de ser un gran método de prevención…

      ¡Gracias por tu comentario y por pasarte!

Y tú, ¿qué piensas?