Samaín y San Amaro El mundo de los muertos

Cementerio de San Amaro.Manzanas de caramelo, niños disfrazados pidiendo chucherías y siniestras calabazas con bocas dibujadas a cuchillo y velas en su interior. Sí, estoy hablando de Halloween. Antes de que la globalización nos atrapase a todos y exportase esta celebración norteamericana, la ‘noche de brujas’ ya estaba presente en muchos lugares del planeta. Y es que esta fiesta no es más que una re-interpretación irlandesa de una festividad de tradición celta: el Samhain.

El año nuevo celta comenzaba al acabar el verano.  No es una mala elección, la verdad. Yo siempre siento que algo grande se termina cuando el sol empieza a dejar de calentar. Pero el asunto no era algo tan poético para ellos. Simplemente, llegaba el invierno, se acababa la temporada de cosechas y era tiempo de hacer balance para afrontar el invierno. La fiesta fue convenientemente asimilada, primero por los romanos, y después por la Iglesia Católica.

En Galicia, el Samaín (adaptación de la palabra al gallego) ha estado muy presente desde tiempos inmemoriales. No hace tanto, en varios lugares de la comunidad, según nos cuenta López Loureiro, todavía se elaboraban calaveras con las cubiertas de las calabazas, y se ponía una vela dentro para espantar a los espíritus. Los rapaces (niños), también se hacían sus ‘caliveiras de melón‘ para asustar a los vecinos, y posteriormente las guardaban para volverlas a usar en el Antroido (Carnaval). Suena bastante familiar, ¿no?

Samaín en Raxó (Pontevedra). Mal rollo. Foto de Cultural Raxó.
Samaín en Raxó (Pontevedra). Mal rollo. Foto de Cultural Raxó.

Para los celtas, la noche del 31 de octubre era aquella en la que la línea que separa el mundo de los vivos del mundo de los muertos se hacía tan sumamente estrecha, que las ánimas eran capaces de cruzar la puerta entre ambas dimensiones. Siendo Galicia un lugar que se relaciona con la muerte de una forma tan especial, y dónde los espíritus y las meigas son parte de lo cotidiano, no es de extrañar que esa línea que separa ambos mundos se haga incluso más fina. No sólo el Samaín es testigo de esto. Ahí están como evidencia, por ejemplo, el santuario de San Andrés de Teixido, al que irás de muerto si no has ido de vivo, o la leyenda de la Santa Compaña, esa procesión de almas en pena con la que debes de tener cuidado, o pasarás a ser el próximo en encabezarla. Esta lúgubre comitiva llegó a la gran pantalla a través de la adaptación al cine de ‘El bosque animado’, la gran novela de Wenceslao Fernández Flórez. En ella, uno de sus personajes, el fantasma Fiz de Cotovelo, atormentado por las cosas que no pudo hacer en vida, encuentra en la Compaña la solución a sus lamentos.

Fiz se ha escapado de la negra tinta del libro y de la película de José Luis Cuerda, y desde hace 5 años, todos los sábados dirige su propia compañía en el bonito Cementerio de San Amaro de A Coruña. Es, sin duda, la visita estrella de las visitas teatralizadas gratuitas que oferta el Consorcio de Turismo de la ciudad. No en vano, el aforo ha estado completo en todas y cada una de las ocasiones, y la demanda sigue siendo altísima. Aunque su origen es anterior, el cementerio moderno data de 1809, un año de especial importancia para A Coruña ya que a principios del mismo tiene lugar la famosa Batalla de Elviña. Incluido desde hace unos años en la Ruta Europea de Cementerios, San Amaro es un precioso camposanto atlántico cargado de historia.

Capilla de San Amaro.
Capilla neoclásica a las puertas de San Amaro, el santo que consiguió ver el paraíso.

En el cementerio herculino descansan grandes nombres de Galicia como Eduardo Pondal (autor del himno gallego), Manuel Murguía, Curros Enríquez, Manuel Lugrís Freire o el propio Wenceslao Fernández Flórez, pero también una lista interminable de políticos, intelectuales, creadores, científicos, historiadores, y militares. De entre todos ellos, me gustaría destacar la historia de Juana de Vega, una joven coruñesa de familia de posibles que se casó con Francisco Espoz y Mina, uno de los paladines del movimiento liberal y figura militar destacada de la Guerra de la Independencia Española, que se vio obligado a exiliarse debido a la restauración del absolutismo. Habiendo una notable diferencia de edad entre ellos, doña Juana pronto enviudó, y dedicó el resto de su vida a defender la causa que tan fervientemente había abanderado su esposo.  Tras conseguir los permisos pertinentes, mandará que al cadáver de su marido se le extraiga el corazón, que pasará a guardar en una urna de plata. También hace embalsamar el resto de su cuerpo, el cual permanecerá más de treinta años en el dormitorio de su casa de la Calle Real coruñesa. Tras la muerte de Juana en 1872, el general Espoz y Mina será repatriado a su tierra natal, Navarra, y ella será enterrada en San Amaro, eso sí, con el corazón de su marido a su lado.

Escultura en San Amaro.
Romance, drama, pasión.

Esta romántica historia y muchas otras son relatadas de forma genial durante la visita guiada, que, desde el momento en que comienza, deja de ser un simple tour con monitor para convertirse en toda una experiencia sensorial, en un recorrido mágico con el que San Amaro coopera en exclusiva, en el que caben la incertidumbre, la risa, el miedo y la emoción, en el que maravillarse con cómo la luz del atardecer empieza a jugar con la piedra de las sepulturas, justo antes de que la noche te sorprenda. Cada vez más en la oscuridad, será el momento en el que las antorchas tomen el protagonismo para que puedas seguir al errante Fiz de Cotovelo, uno de los espectros más vivos, entusiastas y carismáticos que te puedas encontrar por ahí. Pero yo tendría cuidado. Una procesión de 30 personas, en la oscuridad de un cementerio gallego…es más que posible que la siguiente semana tengas que ser tú el que lideres la comitiva…

Fiz de Cotovelo.
Como Fiz te entregue ese candil, ya no habrá escapatoria posible.

Si te interesa participar en la visita guiada, tendrás que ser rápido porque las plazas vuelan. Las inscripciones se abren cada primero de mes, para reservar las visitas del mes siguiente. La solicitud se puede hacer de forma presencial en la Oficina de Turismo de María Pita, o bien por vía telefónica. Si no lo consigues, en todo caso te recomiendo que visites San Amaro, cualquier día en su horario habitual de apertura. Es un lugar de infinita tranquilidad dónde se mezclan el granito, la escultura y el mar…hay pocas combinaciones mejores.

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1 Comentario

  1. Hay que reservar una plaza para la visita a San Amaro, bello cementerio marino y así conocer las historias de mucha gente que está allí enterrada y no lo sabemos.
    Muy interesante, ¡gracias!

Y tú, ¿qué piensas?