Los murales de Belfast The troubles

Red Hand Commando.

En Irlanda del Norte, si las paredes hablasen el tema de conversación sería The troubles, el conflicto armado que durante treinta años enfrentó a unionistas y republicanos llevándose por delante la vida de más de 3500 personas. Los murales de Belfast parecen haber adquirido la habilidad del diálogo y nos cuentan historias de política, de religión, de lucha, de separación, y de tragedia.

Aunque la capital norirlandesa es ahora una ciudad moderna y cosmopolita, el Muro de Belfast todavía no ha caído del todo. A pesar del proceso de paz del año 1998 y el alto al fuego materializado en el Acuerdo de Viernes Santo, la herida sigue algo abierta. Y es de esas que uno no puede evitar rascar, haciendo que a veces vuelva a sangrar.

Ese daño se hace palpable al ver que los llamados Peace Walls, muros de hasta nueve metros de altura creados en zonas de conflicto, llenos de graffiti más convencional y deseos de paz y felicidad grabados a rotulador, siguen estando coronados con vallas (y a veces con alambre de espino) y cámaras de seguridad.

Graffitis.
Si no llevas un rotulador, no te preocupes, tu cabbie te dará uno.

Te sentirás un poco agobiado cuando veas los portones metálicos gigantes que cierran conexiones entre Falls Road y Shankill Road, dos arterias principales que discurren de forma paralela en el mapa y que siguen siendo marcado territorio católico y unionista respectivamente. En ellas se respira un ambiente de tensa tranquilidad y se encuentran muchos de los cerca de 2000 murales que hay en la ciudad, dibujos y pinturas que sobre todo honran a héroes paramilitares y víctimas de ambos bandos, pero también describen gráficamente el enfrentamiento político irlandés y otros muchos conflictos internacionales.

Con esta cruenta descripción no te quiero asustar. Aunque el paseo por los murales es una de esas experiencias que luego cuesta digerir,  realizar la visita es del todo seguro. Tan sólo hay que actuar desde el respeto. Pensar y ser un poco consciente de lo que se está viendo y lo que puede significar para los residentes tu presencia, tu actitud y tus fotos. Y no habrá ningún problema.

Puedes hacer la ruta a pie siguiendo el mapa de la web oficial de los murales, o decantarte por contratar uno de los black cab tours, visitas guiadas en los bonitos taxis de estilo británico que se han hecho muy populares en la última década. Hubiera preferido explorar por mi cuenta, pararme en cada sitio los minutos que me apeteciese y hacer millones de instantáneas con calma, pero igual que me sucedió en los acantilados de Moher, había mucho que ver y poco tiempo que gastar. Aunque nuestro taxi era blanco y por lo tanto no hacía honor al nombre de los tours, rápidamente nos dimos cuenta de que el recorrido, además de ser más cómodo, tiene otros dos grandes alicientes:

El primero, que los guías son vecinos locales que vivieron el conflicto en sus propias carnes y que saben de primera mano que fue lo que allí pasó. No puede haber nadie mejor para llevarte de la mano y sumergirte en la historia del lugar. Los testimonios de nuestro chófer, al que se le entrecortaba la voz y se le veía claramente afectado y emocionado en ocasiones, nos pusieron los pelos de punta. Contándonos como la educación mixta no alcanza todavía el 3% en el país, nos hizo entender que el problema ha quedado en un estado de congelación, de pausa permanente, pero no ha desaparecido.

White cab.
Nuestro flamante white cab.

La segunda gran ventaja es que hay una gran cantidad de murales diseminados por toda la ciudad, y muchos de ellos están siendo repintados o cambiados, sustituyendo los elementos más violentos por ideas más conciliadoras . Y eso hace que, además de que las distancias quizá no jueguen a nuestro favor, la visita tenga elementos fijos pero también un gran componente aleatorio y personal, y por eso nunca existirán dos tours iguales ni verás lo mismo. Lo cual es una gran razón para volver a visitar “The old smoke“. Aunque yo volvería sólo por comer de nuevo el increíble fish & chips de Made In Belfast.

Para calentar motores antes del tour, visitamos la noche anterior Commercial Court, que se encuentra en pleno centro, al lado del pub Duke of York. Lo que una vez fue el corazón comercial de la ciudad y hogar de alfareros, herreros y vendedores de whisky es ahora zona de pubs históricos y de marcha. En los murales de este callejón se dan cita personajes como Liam Neeson, Rory Gallagher, Phil Lynott, George Best, Enya, Martin O’Neill, Bono, Van Morrison, Sinead O’Connor, los personajes de Juego de Tronos y muchos más. Pero también hay espacio para monumentos y lugares célebres de la ciudad como las grúas de Harland & Wolff, el Albert Clock o el Hotel Europa. E incluso un homenaje al cine clásico en blanco y negro.

Commercial court.
Nunca estuve con tantos famosos a la vez como en Commercial Court…

Al día siguiente,  ya montados en el white cab, nos dimos cuenta de que aunque tengas un gran nivel de inglés, el acento norirlandés más puro es todo un desafío del listening. Al principio nos costó bastante, pero a los cinco minutos el oído se acostumbra y empiezas a percibir sonidos familiares.

La primera parada fue Divis Street, dónde ya se concentraban, a las 10 de la mañana un alto número de taxis y de turistas. Allí se encuentran varios murales que aluden al Easter Rising, el levantamiento de 1916 en el que Patrick Pearse leyó una proclamación declarando a Irlanda una nación independiente y soberana. En este año 2016, en el que se cumplen 100 años de este evento, muchos de los murales han sido repintados y detallados con textos y viñetas sobre los motivos del alzamiento.

The Irish Republic.

Otro de los murales más conocidos está dedicado a la huelga de hambre de 1981, motivada por las protestas de varios presos republicanos sobre las condiciones en las cárceles. Aunque el gobierno británico prometió mejoras, estas no fueron implementadas, por lo que uno a uno, diez de los prisioneros del IRA, fueron muriendo en prisión.

The ten of the Irish Republic.
El mural fue pintado para conmemorar el treinta aniversario de la huelga de hambre.

El comandante de esos diez presos republicanos era Bobby Sands, cuyo mural homenaje es uno de los más fotografiados y marca uno de los puntos álgidos del tour. El lienzo para el mismo es uno de los laterales de la sede del partido republicano Sinn Fein, equipado con altas medidas de seguridad, como cristales anti-bala. Para presionar al gobierno británico, Sands se presentó a las elecciones del Parlamento Británico en Westminster. Recibió 30.000 votos y fue elegido como MP (Member of Parliament). Una de las dos citas que le acompañan es de esas que te dejan sin aliento: Nuestra venganza será la risa de nuestros hijos.

Bobby Sands.
Poeta, gaélico-parlante, revolucionario y voluntario del IRA.

Muy cerca se encuentra otra de las grandes atracciones de este tour. No es otra que el International Wall, en su día uno de los muros de un molino de harina, y ahora una fachada en la cual, como si fuera un perfil público de alguna red social, se reflejan los gustos y las simpatías de los habitantes del oeste de Belfast. Los murales, de un tinte claramente político, aluden al cambio climático, a los presos políticos palestinos, o a la Guerra Civil española. Otros, más personales, tienen como protagonista a Francis Hughes, el segundo miembro del IRA en declararse en huelga de hambre en 1981, y que es personaje central de un llamativo y warholiano mural o a Nelson Mandela, representado con su famosa frase “En mi país, vamos a la cárcel primero y luego llegamos a presidente.

Prisoners of war.

Nelson Mandela.

Francis Hughes.

Era el momento de cambiar de tercio y adentrarnos en Shankill Road, dónde nos recibe una especie de cómic con cuatro viñetas que nos presenta a los residentes. Se auto-definen como proud, defiant and welcoming (orgullosos, rebeldes y amistosos). Pronto empezamos a ver homenajes a la corona, al ejército o a la bandera británica, representada incluso en los bordillos de las aceras y dejándonos claro qué terreno pisamos. O cosas tan curiosas como tiendas de souvenirs con elementos exclusivos del Ulster. Las sensaciones son de, efectivamente, haber cruzado algún tipo de frontera.

Shankill Road.
Bienvenido a Shankill Road.

Tanto en la zona republicana como en la protestante nos detenemos en múltiples Gardens of Remembrance, pequeños espacios verdes que honran la memoria de miembros y vecinos de ambos bandos. Normalmente tienen una fuente y un mapa que muestra los lugares dónde estas personas perdieron la vida. Estos emplazamientos, concebidos como lugares donde reflexionar, son especialmente duros de contemplar.

Muchos de los murales de Shankill Road están dedicados a grupos paramilitares partidarios de la anexión al Reino Unido, como el UVF (Fuerza Voluntaria del Ulster), el Red Hand Commando o el UFF (Ulster Freedom Fighters). También hay macabros homenajes particulares, como el mural dedicado a Stevie McKeag, comandante militar de los UFF, apodado ‘Topgun‘ por haber sido, supuestamente, galardonado cada año como la persona que llevaba a cabo más asesinatos. Por supuesto, existen otro tipo de murales más neutros y sentidos homenajes a víctimas unionistas, tanto militares, como civiles.

U.V.F
Mural dedicado al UVF. Su lema: For God and for Ulster.

Como mencionaba antes, en los últimos tiempos, los componentes más violentos y viscerales de esta galería de arte al aire libre, han ido mutando debido al cambio de mentalidades y al desarrollo urbano de la zona. La aparición de algunas pinturas promoviendo la cohesión social ha sido el primer en paso en el camino de la esperanza. El camino que debe de conducir a una integración total de la sociedad de Belfast y, en general, de Irlanda del Norte.

¿Te gustó? Ya sabes…

2 Comentarios

  1. Nosotros estuvimos en Marzo y nos flipó. Hicimos el tour, con un señor llamado Patrick y como dices es un desafío al listening. Pero es muy interesante ver el conflicto desde una persona que lo vivio.
    Algo que nos impactó mucho, es que le preguntamos a Patrick si todavía había algún problema. Dijo que no. Al día siguiente, nosotros en Dublin, salió en la tv un atentado contra un funcionario de prisiones. Y es que se acercaba la fecha de la firma del pacto.
    Desde luego volvería de cabeza. 100% recomendable.

    1. Es tremendo, nos parece algo tan del pasado que no lo pensamos, pero sigue ahí, latente. Belfast me pareció una ciudad fascinante y llena de historia. Tengo que volver, sobre todo porque no pude ir a la Calzada del Gigante.

      Muchísimas gracias por tu comentario.

Y tú, ¿qué piensas?