Las minas de sal de Wieliczka La catedral subterránea

Escalera en Wielizcka.La sal es, posiblemente, el condimento más antiguo que existe, y en cierto momento de la historia, llegó a ser moneda de cambio, objeto de impuestos y monopolios y razón de ser de guerras y grandes conflictos. El ‘oro blanco’, como se le denomina a veces, se puede obtener de varias formas: en las salinas, en manantiales, por medios industriales o en las minas, grandes formaciones geológicas que pudieron haber sido antiguos mares desecados. Una de las minas de sal más impresionantes y grandes del mundo está en Wieliczka, Polonia.

Teniendo en cuenta cuánto ha condicionado la sal la vida humana, uno sólo puede imaginar el impacto que tendría el descubrimiento y explotación de esta mina en el siglo XIII, hace más de 700 años.  Con 327 metros de profundidad y una longitud superior a los 300 kilómetros, no es de extrañar que la ‘Catedral subterránea de Polonia‘ forme parte de la lista de monumentos Patrimonio de la Humanidad desde 1978, cuando se hizo la primera selección.

En toda la historia de la mina, se han extraído más de 7,5 millones de metros cúbicos de sal del yacimiento. Aunque todavía comercializan sal de mesa, las minas han adquirido hoy en día una dimensión muy distinta. Wieliczka es ahora toda una institución cultural donde tienen cabida los tratamientos médicos y balnearios, los eventos, conciertos, las funciones de teatro, exposiciones y, por supuesto, las visitas de carácter religioso, de tradición minera o puramente turísticas como la que yo realicé en el año 2011. De hecho, fue uno de los primeros lugares en recibir turismo, en el sentido más moderno de la palabra, allá por el siglo XVIII. Se haga en grupo o de forma particular, la visita es guiada, ya que las minas son todo un laberinto salado dónde podría resultar fácil perderse y realizar una visita de forma autónoma parece inviable.

Aunque durante el recorrido, que dura unas tres horas escasas, se visitan los lugares más emblemáticos de las minas, nuestro guía mencionó que esta parte sólo constituye el 1% de la mina, lo que nos hizo pensar en la inmensidad del conjunto. Rápidamente nos dimos cuenta también, al descender los 378 escalones que nos llevarían hasta el punto de comienzo de la visita, de que este lugar puede ser una auténtica pesadilla para los claustrofóbicos, así que me acordé mucho de mi hermana, que no se mete en un ascensor ni a tiros. Un beso si me estás leyendo, Ana.

Peldaños de acceso a las minas de Wielizcka.
Los monumentos con escalones y yo, juntos desde 2011.

En el recorrido, de aproximadamente tres kilómetros, veremos grandes pasajes y túneles, lagos subterráneos, estructuras y barandillas de madera, pero lo más impresionante de todo son las esculturas (que pueden llegar a pesar varias toneladas),  y las capillas talladas directamente en la roca. Los obreros llegaron a hacer hasta 40 capillas, de las que sorprende su detalle y meticulosidad. La primera escultura que veremos es la de Nicolás Copérnico, conocido astrónomo y matemático polaco que visitó las minas en su época. Un paseo por las galerías nos conduce a la estatua del rey Casimiro III de Polonia, apodado ‘El Grande’. En los tiempos de este monarca, que reguló el comercio del condimento, las ganancias por la venta de sal constituían la tercera parte de los ingresos del tesoro real.

Rey Casimiro III.
Un tío listo, Casimiro. Y adelantado a su tiempo, con este look tan hipster.

Después de ver varias recreaciones de los trabajos que se realizaban antaño, con los caballos que, una vez en la mina, ya no volvían a ver la luz del sol, e incluso una curiosa representación con enanos de la leyenda del anillo de Santa Kinga, llegaremos a la más que impresionante capilla dedicada a esta venerada santa polaca, sin duda uno de los platos fuertes de la visita. Sus 465 metros cuadrados permiten la estancia, al mismo tiempo, de 400 personas. La gran acústica de la sala la convierte en escenario de conciertos, pero, en un país tan católico como Polonia, hace que los polacos no puedan imaginar un lugar mejor para celebrar misa o ceremonias matrimoniales. Allí podemos ver una estatua de Karol Wojtyla, el querido papa Juan Pablo II, y una representación salada de ‘La última cena’ de Da Vinci. Pero si hay algo que impresiona en esta sala son las lámparas de candelabros, enormes, impecablemente trabajadas y, cómo no, elaboradas con cristales de cloruro sódico.

Lámpara en Santa Kinga.
Qué maravilla. ¡Y lo que nos han gustado este tipo de lámparas en la España del siglo pasado!

Entramos en la parte final de la visita y quizá en la más pintoresca, pues visitarás algunos de los lagos subterráneos que hay en Wieliczka, o la Cámara Michałowice, antigua entrada a la mina en los tiempos en que visitar la mina era un privilegio reservado a las clases más pudientes. Esta gigante estructura de 30 metros de altura y reforzada a conciencia con vigas de madera de pino parece sacada de alguno de los relatos de Tolkien, y, aunque es una obra maestra de la ingeniería, te dará la sensación de estar a punto de derrumbarse. La última parada es la gruta de Józef Piłsudski, considerado uno de los padres de la Polonia independiente. En esta parte, dedicada al primer presidente polaco, hay un pequeño lago que hasta 1957 fue navegable, pero tras un incidente con una pareja borracha que terminó muriendo en el agua se decidió cerrarla.

Cámara Michalowice.
Cámara Michałowice, o cómo la madera es a veces más fuerte de lo que parece.

Para despedirnos de Wielizcka, un pequeño ascensor minero nos llevará de nuevo a la superficie. Estos ascensores, lógicamente, no están pensados para los rebaños turísticos, así que, si bien tienen mucho encanto, habrá que apretarse bien si somos un grupo de visitantes numeroso. Ana, de nuevo, lo habrías pasado fatal.

Si te apetece sumergirte en este mundo de salinidad, lo más fácil es ir con una excursión contratada desde Cracovia, pero también se puede hacer de forma independiente, ya que Wieliczka está comunicada por tren y por autobús. El precio del itinerario turístico es de 84 złoty (unos 20 euros), y el permiso para sacar fotografías es de un par de euros más, pero vale mucho la pena. Ojalá hubiera tenido una cámara buena cuando fui. Ah, y recuerda que dentro del precio están incluidos cinco lametazos a las paredes, o eso dijo mi guía. A mí ese día me apetecía algo más dulce…

 

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6 Comentarios

  1. Qué bien contado. Tengo muchas ganas de visitar este lugar. Mis alumnas polacas de Erasmus siempre me hablan de él. Parece que está muy bien dinamizado.
    No sé si será malo para la tensión… jeje

    1. Está muy bien organizado, y la verdad es que, aunque te encuentras embobado por la inmensidad del lugar y quieres tocarlo y verlo todo, la visita guiada es muy interesante teniendo en cuenta su duración. Coincido con las Erasmus y te lo recomiendo totalmente.

  2. No había oido habla nunca de este sitio, y la verdad es que el relato invita a la visita. Tiene que ser espectacular y diferente.Muy salado…Gracias Manu por compartir con nosotros todo lo que has visto y recuerdas y cuentas tan bien y de forma tan entretenida.

    1. ¡Muchas gracias GAR!

      La verdad es que es un sitio único, una experiencia muy diferente que además está muy bien planteada. Lo recomiendo siempre a cualquier persona que tenga pensado viajar a Polonia.

  3. Muy muy recomendable!!!! Lo he visitado este verano pasado y ……es una pasaaaaaada de lugar. Interesante. Muy bueno el artículo-relato.

Y tú, ¿qué piensas?