La piedra dorada de Tarragona Historia viva

Augusto

Dice Gombrich, en ese gran libro que es Breve historia del mundo, que los romanos “no eran tan rápidos de pensamiento e inventiva como los atenienses. Tampoco disfrutaban tanto con los objetos bellos, las construcciones, las estatuas y los cantos“. Pero cuando uno pasa por Tarragona, esta afirmación hay que ponerla, como mínimo, entre comillas.

Llegar en tren a Tarragona es algo de lo más habitual. Nos comentan que son muchos los que, como nosotros, deciden realizar la excursión de un día y moverse hacia el sur por la costa. El trayecto es corto pero además no se hace aburrido, porque las vistas acompañan. Una vez en la estación, unas escaleras mecánicas que parecen no terminarse te dejarán en la parte alta de Tarragona, en pleno Balcón del Mediterráneo, donde desde bien temprano se agolpan grupos y más grupos de turistas admirando las vistas.

Balcón del Mediterráneo

Es nuestro primer contacto con el Anfiteatro Romano, al que volveríamos de noche. El tamaño y la situación nos hacen pensar en el bonito teatro de Taormina, en Sicilia. ¿Cuántos espectadores habrán pasado por aquí? ¿Pensarían en lo impresionante de la construcción? ¿O sólo acudirían atraídos por la sangre de las munera (luchas de gladiadores) y las fieras de las venationes (luchas con animales)? Es difícil saberlo. Pero hoy resulta casi imposible no reparar en la majestuosidad del conjunto, realizado combinando una mezcla de dos palabros que me resultan muy familiares, pues los veo casi a diario: no son otros que el opus quadratum y el opus caementicium. Es decir, los grandes bloques tallados en piedra y el considerado “hormigón” romano, dos elementos muy sencillos pero que, sin embargo, han hecho que centenares de construcciones en todo el mundo perduren hasta nuestros días. O al menos, parte de ellas.

Anfiteatro de Tarragona
¡Que salgan las fieras!

Realizado a finales del siglo II d.C. en un espacio que había sido una zona funeraria, el anfiteatro está ubicado en un espacio de pendiente natural, que se integró en la propia construcción. Las dimensiones del edificio nos hablan de la gran importancia de la Tarraco imperial, prácticamente la capital del mundo hispánico romano. La cercanía al mar quizá responde a la necesidad de transportar a los animales usados en los espectáculos desde la playa, siendo además fácil el acceso para el público asistente. Este escenario fue también marco de  múltiples ejecuciones de cristianos, quemados vivos en la hoguera en la época de la persecución, y de hecho, en este lugar de martirio, se construyó en el siglo V una basílica cristiana de 3 naves. Vale la pena bajar a la arena y contemplar cada piedra, admirar la estructura y diferenciar las tonalidades de la roca calcárea, que al menos para nosotros, acostumbrados al granito gallego, resulta tan diferente y atrayente. Esta piedra probablemente fue transportada desde la cercana Cantera del Mèdol, espectacular monumento al aire libre, de donde se calcula que se extrajeron unos 50.000 metros cúbicos de una piedra arenisca dorada y fácil de trabajar,  que data del mioceno. Casi nada.

Pero los tiempos cambian, y hoy, gran parte de la vida tarraconense no se concentra en las inmediaciones de la elipsis, si no en el siempre concurrido Mercado Central. Por lo que me pareció entender, el mercado que se puede visitar hoy en día es provisional, mientras se restaura el precioso edificio modernista situado justo al lado, que data de 1915. Obra de Josep Maria Pujol i de Barberà, seguramente bebe y se inspira en edificios como el Mercado del Born barcelonés o la Karlsplatz de Viena. Sea como fuere, me gustó mucho también el mercado actual, con sus dibujos que visten las paredes exteriores del recinto y resumen la historia y particularidades tarraconenses. Es un buen sitio para tomar un aperitivo, y quizá probar alguna especialidad local, como los ricos carquinyols, una especie de pan tostado dulce con almendras que entra muy bien a media mañana con un café.

Mercado de Tarragona
El Gran Hermano vigila a pescaderas y charcuteros.
Mercado público
Al principio leí ‘Mercado Cúbico’ y pensé que era por el modernismo (sic).

Para abrir el apetito de nuevo, nada mejor que adentrarse en el Circo Romano, visita que se anuncia corta pero parece no acabarse nunca. No lo digo con una connotación negativa, puesto que la verdad es que deseas que nunca se termine. Cada rincón esconde sorpresas, y la capacidad de abrumar se va haciendo cada vez mayor. Aunque yo no creo que sea verdad, a lo mejor Gombrich tenía razón y los romanos no eran tan sensibles como los griegos. En cualquier caso,  se les perdona todo después de ver estos gigantes entramados, realizados con todo el sentido y la lógica, con unos recursos infinitamente inferiores a los que tenemos hoy en día, y con tal precisión. Merecen muchos aplausos.

Circ romà

Concebido para dar cabida a unas 25.000 personas, el Circo era parte de un conjunto de grandes edificios públicos que se ubicaron en la acrópolis de Tarraco, el cual estaba formado por dos enormes plazas porticadas y el susodicho estadio, dedicado fundamentalmente a la celebración de carreras de caballos y carros. La plaza central está considerada como uno de los foros más extensos de todo el Imperio. En una de sus esquinas, se construiría una torre con unas escaleras que comunicaban la ciudad baja con el Foro. Es el edificio hoy conocido como Pretorio, que en época medieval había sido el Castillo del Rey, palacio donde se asentarían los monarcas de la corona de Aragón. Más tarde, se usaría el edificio como prisión. Sube a la terraza y domina Tarragona con tu vista. La panorámica no defrauda.

Pretori

Vistas desde el Pretori

Otra historia de metamorfosis es la del restaurante que elegimos para reponer fuerzas, el Pulvinar (Carrer dels Ferrers 20). El nombre no es casualidad. Los restos arqueológicos presentes en el comedor son los de la parte dónde se sentaban las autoridades en el Circo. Es decir, lo que hoy en día denominaríamos como la tribuna. Se ha conservado y reconstruido la antigua escalera semicircular que conducía hasta esta zona, y se preserva también el muro romano que soporta la cornisa original y la bóveda transversal del Circo. Otro de los muros, el que da al exterior del local, es una muralla defensiva construida en el siglo XII para aislar enfermedades y evitar saqueos. Es lo que se llama comer viajando en el tiempo. Y además, es un gran lugar para probar la cocina autóctona.

El pulvinar
Sí, todo es el restaurante.

Y claro, no puede uno marcharse de Tarragona sin visitar la Catedral de Santa Tecla, que reina desde el punto más alto de la ciudad, un lugar siempre proclive a acoger espacios de veneración. No en vano, sobre el mismo lugar se situaron un templo dedicado a Augusto, una catedral visigótica y una mezquita árabe. Construida a caballo entre el XII y el XIII, está también a medio camino entre el románico y el gótico. Por lo tanto, hay ciertos elementos defensivos, como almenas, pero también una gran profusión de detalles decorativos. Quizá lo que más nos gustó fueron los abundantes restos conservados de pintura medieval, que en Galicia rara vez se conservan, y el claustro, un precioso patio lleno de secretos e historias talladas en piedra, con altos y frondosos árboles, la mayoría de ellos naranjos. En los capiteles se cuentan varias historias, aunque quizá la más curiosa sea la conocida como “procesión de las ratas”.  Es el cuento de un noble que no era capaz de deshacerse de un grupo de ratas que le amargaban la existencia. Incluso el gato cazador de mejor pedigrí fue incapaz, en un principio, de acabar con ellas. El minino, sin darse por vencido, decidió fingir su muerte y dejar que las ratas se lo llevasen. Es la escena que se representa en el capitel. Cuando los roedores estuvieron confiados, ya celebrando y cavando la tumba del gato, éste se “despertó” y así consiguió acabar con ellas.

Procesión de las ratas
Procesión de las ratas. Es la forma cristiana de decirte que no bajes la guardia, que la tentación puede vestirse de gato y devorarte.

Tuvimos mucha suerte, porque no había nadie, así que pudimos disfrutar del espacio todo para nosotros, y porque el sol ya estaba escondiéndose, lanzando esos últimos rayos que se cuelan por las rendijas, que juegan con la piedra blanquecina desvelando partes ocultas y que hacen más especial si cabe, cualquier experiencia. Es un lugar fantástico para hacer una foto de 360º.

Catedral de Tarragona
Cuenta la leyenda que un sacristán, intentando evitar que un niño que se colaba frecuentemente robase fruta, le tiró una piedra y le asustó tanto, que hizo que se cayese de un árbol y muriese. Fue entonces cuando se decidió instalar las rejas que rodean el patio.

Según Tarragona Turisme, la ciudad es Historia Viva. Y hay que darles la razón. Es un lugar donde cada esquina cuenta un relato o una fábula. Una urbe que te acompaña, que respira, que siente y que se emociona al mismo tiempo que tú.

Escultura en la Catedral de Tarragona
Si no visitas Tarragona, este mozalbete te perseguirá en tus sueños. Así que ya sabes.

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6 Comentarios

  1. Siempre enseñándonos sitios bonitos e interesantes! Además tus viajes muy bien aprovechados!
    No os perdeis nada de lo que merece la pena.Qué bonito el Mercado…Nos lo cuentas estupendamente y siempre apetece leerte. Gracias.

    1. Muchas gracias Gloria, se hace lo que se puede. Hay que exprimir el tiempo al máximo 😉

      Gracias por estar siempre presente en los asientos del avión.

    1. ¡Está claro! Una ciudad que merece muchísimo la pena. Además es muy asequible de patear, así que es perfecta para una excursión corta.

      ¡Un beso y gracias por escribir!

  2. Impresionante Tarragona. Estuve hace unos años allí, en pleno verano, y casi me da un parrús visitando la ciudad, de lo agobiante que era la humedad y el calor… Pero ¡cómo no recorrer cada esquina, todas son historia (o prehistoria)!
    ¡Gracias por compartirnos todas tus vivencias viajeras!

    1. ¡Hola Patri!

      A mí me coincidió una temperatura templada en pleno enero, así que no hubo queja en ese aspecto, pero me puedo imaginar perfectamente lo que me describes. ¡Ay, los sacrificios del viajero!

      Muchas gracias por tu comentario.

Y tú, ¿qué piensas?