Refugi 307 Barcelona a cubierto

Refugi 307

Empieza a sonar la sirena y a darse la voz de alerta. Un escalofrío recorre tu cuerpo. Tienes entre uno y dos minutos, o quizá menos, para reaccionar y llegar hasta el Refugi 307, porque en breve, van a empezar a caer las bombas. Estamos en la Barcelona de la Guerra Civil.

El 18 de julio de 1936 comenzó todo. El alzamiento del ejército, descontento con la República Española, se materializa en el fallido Golpe de Estado que va a desencadenar el estallido de la Guerra Civil. Progresivamente, las tropas franquistas van a ir conquistando y dejando bajo dominio sublevado diferentes territorios peninsulares. Cataluña, única zona de toda España que consiguió una ley de colectivización, aguanta y permanece bajo la autoridad republicana.

A finales del 36, la guerra ya estaba en la ciudad. Era la primera vez que pasaba algo similar, y la gente, acostumbrada a que las guerras se librasen en el frente, no sabía a qué se enfrentaba. Llegaron a Cataluña refugiados de otras partes de España, y la situación se tradujo en problemas de alojamiento, alimentación y sanidad. A partir de 1937 las raciones fueron disminuyendo drásticamente.  La escasez y el malestar social eran cada vez más visibles. Cuando Barcelona cayó, la ciudad era un lugar triste, sucio y arrasado. El fracaso de la rebelión militar en Cataluña y en particular, en la capital catalana, había llevado a Franco a buscar el apoyo de la marina y la aviación italiana, que disponía de tres bases en Mallorca. A la ofensiva total sobre Barcelona se sumaría, posteriormente, la Legión Cóndor alemana.

Fueron en total 194 bombardeos, casi todos ellos aéreos. Se calcula que el número de víctimas fue de unos 2500 muertos y 3200 heridos. En enero de 1938 las ofensivas fueron de una magnitud hasta entonces desconocida. Muchas de las víctimas fueron niños. Las consecuencias de los ataques lanzados durante este mes todavía se pueden apreciar en varias partes de la ciudad.

Sant Felip Neri.
Iglesia de Sant Felip Neri, dónde la metralla todavía recorre la fachada del edificio y distintas partes de la plaza donde se encuentra.

Pero lo peor estaba por llegar. En marzo de ese mismo año, durante los días 16, 17 y 18, se produce unos de los primeros “bombardeos de saturación” de la historia. Después de el de Guernica, es el bombardeo que más muertos causó durante la guerra. Un ataque orquestado por Mussolini, al que se refirió como un “martellamento diluito nel tempo”. Un ataque continuado y repartido con la intención de machacar Barcelona y cualquier tipo de espíritu de resistencia.

El gobierno catalán había intentado articular un Servicio de Defensa Pasiva Antiaérea, que inspeccionó sótanos y locales que pudieran reunir las condiciones necesarias para servir como refugios. Pronto se vería que los esfuerzos de ayuntamientos e instituciones públicas eran insuficientes, y los propios vecinos, muchos de ellos mujeres y niños,  cogieron pico y pala y excavaron la gran mayoría de los más de 1400 búnkeres anti-aéreos existentes en Barcelona. Primero yendo hasta los tres o cuatro metros de profundidad, y cuando esto se demostró ineficaz, continuando muchas veces hasta los diez metros. Solamente en el barrio el Poble Sec existen 70 refugios, y en su momento se pensó en hacer una red que comunicase todos. Fue imposible.

Pasillos del Refugi 307

El Refugi 307, llamado así por el orden de inscripción en el registro del Ayuntamiento de Barcelona,  fue descubierto durante las obras realizadas para que la ciudad albergase los Juegos Olímpicos del año 92, y tiene la particularidad de que está excavado directamente en la montaña de Montjuic, actuando ésta como parapeto natural. Ideado como un gran espacio subterráneo que diese cabida a 2000 personas, sólo se alcanzó a construir la mitad de lo previsto. Son 200 metros de túneles no aptos para claustrofóbicos, ya que la altura máxima es de 2,10 metros y la anchura de entre 1,5 y 2 metros. El refugio consta de tres entradas diferentes, aunque no llegaron a conectarse durante la Guerra. Serían posteriormente los franquistas, los que, con el propósito de reutilizar el refugio, terminarían las obras de anexión. Hoy en día, el refugio ha sido abierto al público para ser testigo vivo y recordatorio de las guerras y sus consecuencias, y es uno de los espacios de este tipo que se pueden visitar en la Ciudad Condal, junto con los refugios de Plaça del Diamant, Palau de les Heures y Plaça de la Revolució.

Zona excavada por los franquistas en el Refugi 307
Zona excavada después de la Guerra Civil por los franquistas.

El suelo original es de tierra prensada, y, según los testimonios de los (cada vez menos) supervivientes, había un gran número de bancos en toda la extensión del búnker y unas pequeñas aberturas que funcionaban como una especie de armarios. A medio camino podemos ver unas obras sin acabar, que en su momento se proyectaron como la “zona de expansión de niños”, un lugar donde los más jóvenes pudieran abstraerse de la cruda realidad que les rodeaba. Sobrecogedor. Incluso se llegó a habilitar una pequeña enfermería usando literas, aunque no se contaba con personal médico cualificado. Una planificación tremenda y con una conciencia de la situación admirable. Una de las grandes incógnitas sin resolver sobre este refugio es que no parece haber agujeros que cumplan la función de respiradero, como los había en otras construcciones similares. Esta cuestión quizá responda a la amenaza del uso del gas mostaza, tan presente en la Primera Guerra Mundial.

Los usuarios del Refugi 307 disponían de un cargador que les proporcionaba unas dos horas de autonomía, que es más o menos lo que solía durar un bombardeo medio. Quien sabe como serían esos tres días de marzo, sin luz, con pocos recursos y, sobre todo, con la incertidumbre de cuánto más habría que aguantar. En estas situaciones tan desesperantes, era imprescindible aplicar a rajatabla la férrea normativa interna, que prohibía, entre otras cosas, fomentar el derrotismo. Tampoco se permitía que los usuarios se trajeran nada más que aquello que podían transportar en su regazo, ya que el refugio es para las personas, y no para las cosas.

Está bien que entréis, pero también que paguéis.
“Ya està bé que entreu però també que pagueu”. No se referían a un pago económico, si no a arrimar el hombro y contribuir con el trabajo.

Con la caída de Barcelona, muchos de los refugios fueron reutilizados y reaprovechados por el bando franquista. El Refugi 307 se usó como fábrica de vidrio, como así lo evidencian parte de los techos, que han quedado ennegrecidos por la práctica de esta actividad artesanal. Más adelante, el antiguo búnker fue ocupado en distintas ocasiones, como por ejemplo por una familia de Guadix, que rellenó el espacio con flores y construyó un horno con una laboriosa salida de humos hacia el exterior, o un señor que, aprovechando las húmedas condiciones del lugar, se dedicó al cultivo de champiñones.

Todo esto, y más, en la genial visita guiada que organiza Laberint Cultura a través del MUHBA (Museo de Historia de Barcelona), a la que tuve el placer de asistir. Si te interesa, el precio de la actividad es de 3,40€ y se realiza los domingos para público general. Más información, pinchando aquí.

¿Existe en tu ciudad o has estado en algún sitio de características similares?

Cuéntamelo en los comentarios. Y si te ha gustado la entrada, pues claro, ya sabes…

 

2 Comentarios

  1. Interesante, bien escrito y descrito y enseñándonos como siempre lugares en las ciudades muchas veces desconocidos para el público en general y con mucho interés para algunos. Enhorabuena Manu!!!|

Y tú, ¿qué piensas?