El anillo de Claddagh Leyenda y amor en Galway

Famoso anillo de Claddagh

Las Indias Orientales, un término claramente asociado a la colonización europea, es el nombre que se le dio, durante casi tres siglos, al Sudeste asiático. Allí pretendía emigrar, a mediados del siglo XVII, un hombre originario de Galway, llamado Richard Joyce. Pero su barco fue capturado y él, vendido como esclavo a un orfebre musulmán de Argelia. En este país africano, poco a poco, se iría ganando el respeto del artesano y aprendiendo su oficio. Tras ser coronado el rey Guillermo III de Inglaterra, se solicitó la liberación de los prisioneros británicos. El orfebre argelino le ofreció la mitad de su fortuna y la mano de su hija, pero Richard sólo tenía una cosa en mente: volver a Galway y casarse con su amada. Para ella había diseñado un anillo único y especial: el anillo de Claddagh.

Todo esto es una leyenda, claro. Una de tantas que pretende explicar el origen de esta joya, un dato que se ha escurrido en el tiempo. Pero se sabe que hace 300 años, se fabricaba ya este anillo en la pequeña aldea de pescadores de Claddagh. Se compone de tres elementos; unas manos, un corazón y una corona. Y ahora es cuando ésto se pone algo pasteloso. Estas son las diferentes interpretaciones del simbolismo del anillo:

Con mis manos te doy mi corazón, y lo corono con mi amor.

Let love and friendship reign.

The hands are for friendship. The heart is for love. And loyalty is shown with the crown up above.

Hay muchas tiendas que venden el anillo diseminadas por todo Galway, pero quizá la más pintoresca sea Thomas Dillon’s Claddagh Gold, los joyeros más veteranos de toda Irlanda, que llevan ejerciendo este oficio desde el año 1750. Aunque no tengas en mente comprar nada, solamente entrar es toda una experiencia en sí. Incluso hay, al fondo de la tienda, un pequeño museo contando la historia del anillo y del establecimiento. El anillo es polivalente, porque según cómo y en qué dedo te lo pongas, significa una cosa distinta.

Thomas Dillon
Veo algún espacio sin aprovechar todavía. Inquietante colección de escudos de policía, by the way.

Me resulta entendible por qué Richard quería volver a toda costa. Pequeña, pero vibrante. Así es Galway. Una antigua aldea de pescadores que ha ido mutando hasta convertirse en un núcleo bohemio y artístico con un ambiente joven, porque los estudiantes componen casi un cuarto de la población. El trazado de las murallas medievales todavía se puede apreciar, y dentro de ellas se esconden casas de colores, pubs con música tradicional en directo, artistas callejeros, fiestas y tiendas, muchas tiendas.

Galway
Colores, rótulos y fotos muy difíciles de hacer sin que salgan cables, personas o contraluz.

Basta un paseo por la siempre concurrida High St. para empaparse de la esencia de Galway. Un lugar donde los placeres son muy importantes, y para todos los gustos. Hablemos de gastronomía, por ejemplo:

Puedes empezar la jornada en Griffin’s Bakery, panadería y tea room con 130 años de historia. Respeta su nombre y pide algo horneado. No te decepcionará. También hay tartas y bocadillos. Para seguir sumergiéndote en la tradición, en el lunch-break puedes escoger Mc Donagh’s, casa por excelencia del marisco y el pescado, y considerada como uno de los mejores seafood restaurants de todo Irlanda. Pero no vayas esperando cinco tenedores y un maître. Además de parecerse en el nombre, Mc Donagh’s comparte con el gigante de las hamburguesas la mecánica del servicio. Es comida rápida, y bastante rápida además. No dejes de mirar a todas partes mientras esperas por tu plato, ya que la decoración está muy conseguida.

Mc Donaghs
¡Izad la vela mayor! Digo…un fish & chips, por favor.

Y a la hora de la cena, algo más ligero. Quizá una pizza. Si te suena bien, dirígete a The Dough Bros, el proyecto de cuatros hermanos irlandeses fascinados por la pizza hecha en horno de leña.

The Dough Bros
Los nombres de las pizzas de The Dough Bros son jugadores de fútbol italianos. Esta es una Andrea Pirlo, creo.

Ya con el estómago satisfecho, sería un sacrilegio no regar su contenido con una buena cerveza irlandesa. Difícil escoger un lugar en este caso, hay muchísimos pubs en Galway que valen la pena. A mí me gustaron el Tig Coili, y sobre todo, el pub más antiguo de la ciudad, el Sehan Ua Neachtain, con sus cabinas particulares y su madera tallada. Aquí se reúne gente de toda clase y condición, de los ambientes más diversos. Empresarios, actrices, músicos, hippies y turistas. Todo un espectáculo. Si no eres amigo de las multitudes y las aglomeraciones, quizá sea mejor probar The Skeff, con un aforo de hasta 1500 personas, una lámpara gigante de araña y muebles de época victoriana. O puedes hacer como yo. Ensayo y error, una en cada sitio. Pero con moderación, claro.

Sehan Ua Neachtain
Tigh Neachtain. Galway’s Best Traditional Irish Bar Since 1894 – Live Music Weekly – Stocking over 130 Whiskeys. Lo dicen ellos, no lo digo yo.

No se me ocurre mejor forma de disfrutar de Galway que recorrer todos y cada uno de sus rincones. Vete hasta la Catedral, cruza el río Corrib, culturízate en el Museo de la Ciudad de Galway y da la vuelta pasando por debajo del Spanish Arch, nombre que alude al continuo comercio entre españoles e irlandeses allá por el siglo XV.  Si te sobra tiempo, puedes hacer una excursión a las islas de Aran. ¡Ah! Y tómate una pinta a mi salud.

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2 Comentarios

  1. Qué bonita historia la del anillo y muy romántico todo lo que la envuelve.La ciudad tiene muy buen pinta para entretenerse un par de días y disfrutarlad . Te veo entrando en la tienda a curiosear y salir con una cajita con el anillo. Enhorabuena,siempre interesante leerte.

Y tú, ¿qué piensas?