Filtro de Formentera Pradera de posidonia

Ses IlletesQuizá haya sido por lo inesperado, por su pequeño tamaño o quizá por lo coqueta que es. Seguramente por una combinación de las tres. No he recorrido toda su superficie ni hablado con todos sus (pocos) habitantes, pero no me ha hecho falta. Es muy probable que en verano las sensaciones hubieran sido diferentes, pero en invierno la isla rezuma tranquilidad, paz, genera espacio vital. Me estiré, me alargué, me expandí por todo el terreno. Me senté y sentí cómodo en ella. E igual que su vegetación filtra los mares, Formentera ha sido para mí un tamiz de emociones, una manera de purgar todas las malas vibraciones que había estado cargando en mi mochila.

Las profundidades de las aguas baleares están decoradas con praderas de una planta muy especial. Se llama posidonia y, además de actuar como filtro natural de sedimentos y evitar la erosión de los arenales, es una de las “fábricas” de oxígeno más potentes del mundo. Desgraciadamente, a la posidonia, uno de los organismos vivos más longevos del planeta, nos la estamos cargando con nuestra contaminación y a través del turismo masivo incontrolado, especialmente con los amarres de los barcos. Ya hablé de mi preocupación por el estado de nuestros mares y océanos en este otro post, pero mi inquietud se ha acrecentado ahora que sé que la mitad del oxígeno que respiramos se genera en el agua.

Estany pudent
En el Parque Natural de Ses Salines habita el ser vivo más antiguo del mundo. Dicho así suena un poco a peli de terror, pero la posidonia no tiene malicia ninguna.

Es esta planta milagrosa uno de los motivos por los que la gama cromática de azules que vemos en la isla sea tan variada y espectacular. Formentera entra rápidamente por la retina, y hasta los que vivimos en blanco y negro nos quedamos impactados e inmóviles en nuestro primer contacto con ella. Y a medida que uno se adentra, que profundiza, que conoce sus curvas, la isla te va atrapando más y más. Este pequeño paraíso en la tierra, con solamente 83 km² y menos de 12.000 habitantes, invita a que lo recorras de punta a punta. Lo ideal y lo más sostenible es hacerlo en bicicleta, dado que el terreno es muy llano y apenas hay tráfico rodado.

No hay grandes conjuntos urbanos en Formentera. Sant Francesc Xavier es la capital y génesis de la isla, y su iglesia sirvió también como fortaleza desde su construcción en 1726.

La isla vive del mar, así que es lógico y natural que sus faros sean colosales, de fuerte carácter. Nuestra piedra de toque fue el Cap Barbaria, punto más meridional de todas las Baleares. Anunciando con su nombre la cercanía de las costas africanas, el Cabo de Berbería (su nombre en castellano) es un paisaje seco, duro, árido, en el que sobresale triunfante la figura dórica de su linterna.

Faro de Barbaria
El faro es famoso por salir en la película “Lucía y el sexo”. Ella no estaba, pero el atardecer es casi orgásmico aquí.

Además, muy cerca de esta instalación se encuentra la cova foradada, a la que se puede bajar para sentirse más en armonía si cabe con el entorno. Desde allí abajo, el cielo se comprime y parece que el sol se acerca a ti para que lo puedas agarrar con las manos.

Cova foradada

Cap Barbaria

Todavía emocionados, amanecimos temprano para aprovechar un día que prometía. Nos dirigimos a Es Pujols para cambiar el coche por el caballo, y trotar por Estany Pudent, una laguna de agua dulce que fue canalizada para comunicarla con el mar y poder ser explotada como salina. Aunque pudent significa, literalmente, maloliente, mi sensación fue la contraria. Durante toda la ruta, un olor muy similar al del romero acompañó nuestra travesía, que pasó volando mientras me maravillaba con el paisaje y disfrutaba bailando a lomos de Bolero.

Que me diesen un caballo con un nombre tan romántico no puede ser fruto de la casualidad.

Desmontamos pero no abandonamos el Parque natural de Ses Salines, y tras una pequeña ruta de trekking, llegábamos  a la pequeña península de Es Trucadors, donde el terreno se estrecha tanto que se convierte en una lengua dunar gigante en medio del océano, en una flecha de tierra que apunta hacia la isla de s’Espalmador. Si no sabes qué foto sacar, hacia dónde mirar o dirigirte estando aquí, no te preocupes. Es absolutamente normal.

Es Trucadors
Tres kilómetros de dunas y piedras que se retuercen y esfuezan por sacar la cabeza.

Era hora de repostar fuerzas, y nada mejor que un menú tradicional y marinero en el restaurante Vogamarí para ponerse a punto. Es un establecimiento “de estilo libre  y comprometido con la cocina fusión pero sin renunciar a la tradición culinaria de Formentera”. Muy lógico, sabiendo lo bien que se alimenta la gente en las Baleares. La ubicación, el edificio, la atención y, sobre todo, la comida, es difícilmente mejorable.

Menú Vogamarí
Ensalada pagesa, pulpo frito, arroz negro, fideuá y flaó (tarta de queso y hierbabuena) ¿Es necesario decir algo más?

Después de semejante lujo estábamos listos para cualquier cosa, como por ejemplo, para una ruta de kayak por la playa de Es Pujols, haciendo brazo, recorriendo la orografía ofiusina y parando en sus cuevas naturales para comprobar que las aguas del mediterráneo son todavía mejores en invierno.

Kayak

El día finalizaba en el Kiosko 62, uno de los mejores lugares de la isla para ver el atardecer, y donde pude constatar que, además de tener una tierra preciosa, los baleares tienen buen gusto. La Estrella Galicia no faltaba en ningún sitio.

Atardecer Formentera

Kiosko 62
No es que a este panorama le haga falta nada más, pero es cierto que todo mejora con cerveza coruñesa.

Desde la tierra, desde el mar, desde el aire, de noche y de día. Quisimos vivirte desde todos los ángulos posibles y compartir contigo todos tus momentos. Y no nos defraudaste, Formentera. Fuiste generosa y nos regalaste juegos de luces, lluvias de estrellas, comida deliciosa, fotos de postal y experiencias únicas. Llegué a ti perdido y desorientado, extraviado, alejado de mi norte magnético desde hace tiempo. Tú, autoritaria e imponente, me agarraste fuerte del pecho, me abriste los ojos y me obligaste a detenerme para respirar. Me has cuidado, me has seducido y me has dejado una marca indeleble. Nos hemos conocido en momentos extraños de nuestras vidas, pero todo ha encajado a las mil maravillas. Gracias por lo que me has dado, Formentera. Te necesitaba.

Nunca he creído que haya una fuerza superior que controle nuestra existencia, ni un ente que sea capaz de tomar el bastón de mando y dirigir el camino que recorremos. Pero a veces la casualidad y las circunstancias me han hecho dudar. Por una centésima de segundo, en ocasiones he llegado a contemplar que todas las cartas están ya puestas encima de la mesa desde el principio. Si tú eres de los que piensa que todo ocurre por una razón, pasa a la acción y obliga al destino a que te lleve a Formentera. Y si no lo eres, también. No te arrepentirás.

 

Este post ha sido escrito tras la realización del blogtrip #BetterInWinter, en octubre de 2017.

 

2 Comentarios

    1. ¡Hola Diana!

      El clima es suave todo el año, no me arriesgaría a decir que te vas a poder bañar pero vas a estar muy a gusto, con toda seguridad. Además hay muchas cosas que hacer en las Baleares fuera de temporada, y se está mucho más tranquilo.

      ¡Gracias por tu comentario y un saludo!

Y tú, ¿qué piensas?